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Fundas de móvil: cómo elegir la tuya

Para casi todo el mundo la respuesta es la misma: una funda híbrida de TPU y policarbonato, con labio elevado alrededor de la pantalla y de la cámara y esquinas reforzadas, entre 15 y 30 euros. Spigen, Ringke, Incipio y las gamas intermedias de OtterBox y UAG hacen todas alguna versión de esto.

Lo demás son casos particulares. Esta guía explica de qué depende la elección para que sepas cuándo tu caso es uno de ellos.

Los materiales

  • TPU (poliuretano termoplástico): combina la flexibilidad de la silicona con mucha más resistencia al desgarro. Es el material más habitual en fundas de gama media y absorbe bien los impactos. Su defecto es que la versión transparente amarillea con la luz ultravioleta y con la grasa de las manos, normalmente a partir del primer año.
  • Policarbonato: rígido y con excelente resistencia a impactos. Se usa en las carcasas traseras de las fundas híbridas y en las fundas tipo armor. Por sí solo no amortigua: reparte la energía, pero necesita algo blando en los bordes para que el golpe no llegue entero al chasis.
  • Silicona: agradable al tacto y buena sujeción, pero atrae polvo y pelusa, se deforma antes que el TPU y se ensancha con el tiempo hasta dejar el móvil suelto.
  • Cristal templado trasero: algunas fundas integran un panel de vidrio en la parte posterior para mantener la estética del dispositivo. Se raya menos que el plástico, pero añade peso y es una superficie más que se puede romper.
  • Cuero y aramida: el cuero envejece bien y no protege gran cosa; la aramida (fibra tipo kevlar) es finísima y rígida, pensada para quien quiere que casi no se note la funda y acepta la protección mínima que eso implica.

Lo que de verdad evita que se rompa

El grosor es lo que primero se mira y no es lo que más importa. Lo que decide si un teléfono sobrevive a una caída son tres cosas.

El labio elevado. Un borde de uno o dos milímetros por encima del cristal impide que la pantalla toque el suelo cuando el móvil cae boca abajo, que es como cae la mayoría de las veces. Lo mismo alrededor del módulo de la cámara, que en los teléfonos modernos sobresale y es lo primero que apoya cuando dejas el móvil en una mesa. Una funda sin labio elevado no está protegiendo la parte cara.

Las esquinas. Casi toda la energía de una caída entra por una esquina. Las fundas buenas llevan ahí cámaras de aire o una estructura de panal: el aire comprimido se deforma y disipa la energía antes de que llegue al marco del teléfono. Es un mecanismo mucho más eficaz que simplemente poner más material.

La combinación rígido-blando. Una funda solo blanda se deforma y deja que el impacto llegue al chasis. Una funda solo rígida transmite el golpe casi intacto. La híbrida funciona porque la capa blanda absorbe y la rígida reparte.

MIL-STD-810G: qué significa y qué no

Es la etiqueta que aparece en casi todas las fundas que se venden como resistentes, y conviene entenderla bien.

MIL-STD-810G es un documento de métodos de ensayo del Departamento de Defensa de Estados Unidos. El que citan las fundas es el ensayo de caída en transporte: 26 caídas desde 1,22 metros, en todas las caras, aristas y esquinas, sobre una plancha de contrachapado apoyada en hormigón.

Lo importante es que no existe ningún organismo certificador. El fabricante realiza la prueba, o dice que la ha realizado, y lo declara. No hay auditoría externa ni número de certificado que puedas comprobar. La etiqueta significa “hemos hecho un ensayo reconocido”, no “está garantizado”.

Tampoco reproduce las caídas reales. El ensayo se hace sobre contrachapado, que cede; una caída sobre baldosa o asfalto es bastante más dura. Y se hace con la funda montada en un dispositivo de prueba, no necesariamente con tu modelo de teléfono.

Sirve como filtro para descartar lo que ni siquiera lo menciona. No sirve como garantía.

Qué tipo comprar

Si se te cae el móvil a menudo: una funda robusta de dos o tres capas, del tipo OtterBox Defender o UAG Monarch. Son voluminosas y feas, y funcionan. Súmales un protector de pantalla de cristal templado, porque ninguna funda protege el cristal contra un objeto puntiagudo.

Si buscas el equilibrio: una híbrida transparente o mate de Spigen, Ringke o similar. Protección real, grosor razonable, entre 15 y 25 euros.

Si quieres que casi no se note: una funda fina de policarbonato o de aramida. Protege de los arañazos y de una caída corta, y poco más. Es una decisión legítima si asumes que estás priorizando el tacto sobre la protección.

Si el móvil no sale de casa: la funda de silicona del propio fabricante está bien y no hay que darle más vueltas.

El caso aparte: las fundas de tapa

Las fundas tipo libro son la categoría que más se vende en España y la que peor encaja en el resto de la guía, porque resuelven un problema distinto.

Su ventaja real es que la tapa cubre la pantalla cuando el teléfono está en el bolsillo o en un bolso junto a unas llaves, que es donde se producen la mayoría de los arañazos. Muchas incluyen ranuras para tarjetas y funcionan como soporte para ver vídeo.

Sus problemas también son concretos. La tapa estorba cada vez que haces una foto y hay que sujetarla doblada hacia atrás, lo que a la larga rompe la bisagra: es el punto por el que fallan casi siempre. Las de imitación de cuero se despellejan por las esquinas al cabo de un año. Y protegen peor de las caídas que una híbrida equivalente, porque el marco interior suele ser una pieza fina de TPU pensada para sujetar el teléfono, no para amortiguar.

Llevar tarjetas y dinero pegados al móvil también significa perderlo todo a la vez.

Compra una si tu prioridad es que la pantalla no se raye en el bolsillo y no te importa el volumen. No la compres pensando que protege más porque parezca que cubre más.

Limpiarla

Una funda de silicona o TPU acumula grasa y suciedad en las esquinas y en los recortes de los botones, y eso además acelera el amarilleo. Basta con quitarla, lavarla con agua tibia y jabón de manos, frotar los recortes con un cepillo de dientes viejo y secarla del todo antes de volver a montarla; el móvil dentro de una funda húmeda es la forma más tonta de tener un problema.

Lo que no hay que usar es acetona, disolvente ni alcohol puro sobre TPU: atacan el material, lo vuelven quebradizo y el amarilleo pasa de ser cosmético a ser estructural. El alcohol isopropílico es aceptable de forma puntual sobre policarbonato, pero no como limpieza habitual.

Errores frecuentes al comprar

Funda demasiado gruesa con carga inalámbrica. Por encima de unos tres milímetros de espesor la carga por inducción empieza a fallar o a cargar mucho más despacio. Si cargas sin cable, comprueba que la funda lo indique expresamente.

Protector de pantalla incompatible. Los protectores de cristal templado de adhesivo completo llegan hasta el borde del cristal, y el labio elevado de algunas fundas empuja contra ese borde y acaba despegándolo. Si vas a usar los dos, busca un protector de los que dejan un margen o cómpralos de la misma marca.

Comprar transparente esperando que siga transparente. El TPU transparente amarillea. No es un defecto de fabricación ni se puede limpiar: es el material degradándose. Si te molesta, compra mate o de color desde el principio.

Fiarse de las fotos. Muchas fundas genéricas se venden con renders en vez de fotos del producto, y el recorte de los botones y del altavoz no siempre coincide con el modelo real.

Cuándo cambiarla

Una funda pierde eficacia con el uso. Las señales de que necesita reemplazo son deformación permanente en las esquinas, grietas visibles en el policarbonato, pérdida de ajuste que deja el móvil suelto, o amarilleo severo que indica degradación del material.

En general, una funda de silicona o TPU debería reemplazarse cada 6 a 12 meses de uso diario, mientras que las de policarbonato rígido pueden durar hasta dos años si no sufren impactos severos. Una funda que ya ha absorbido una caída fuerte ha hecho su trabajo, pero las cámaras de aire de las esquinas no vuelven a su forma original: a partir de ahí protege menos de lo que crees.

Presupuesto

Las fundas de silicona genérica cuestan entre 5 y 10 euros y ofrecen protección básica durante 3 a 6 meses antes de degradarse. Las de marca como OtterBox, Spigen o UAG van de 20 a 50 euros y mantienen su integridad estructural durante toda la vida útil del dispositivo.

La cuenta es sencilla. Si el móvil costó más de 600 euros, gastar 30 o 40 en una funda de calidad es un seguro razonable frente a una reparación de pantalla que puede superar los 200. Para un móvil de gama media, una funda TPU de 10 a 15 euros con esquinas reforzadas da el mejor equilibrio entre coste y protección real: por encima de eso estás pagando por marca y acabados, no por más protección.

Lo que no tiene sentido en ningún caso es una funda de 3 euros sin labio elevado. Ocupa el sitio de una funda de verdad y no hace su trabajo.

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